En la adolescencia, momento idóneo para descomponer toda tu formación humana, tuve, creo yo, mi primer gran contacto con las formas (o lo que para mi así fueron en aquel entonces) más difíciles del “metal”. Básicamente conocí el black metal. El tiempo me enseñaría más tarde el Death, el Doom (que es más lento y fácil de digerir), el speed, el drone, el sludge, el grind y pues también el hard core (un derivado del pUnk rock) que tuvo a mal descomponerse para llegar al screamo, luego al emo y al “noise”. En fin, con el pasar de los años he aprendido a escuchar o mejor dicho, a preciar y discriminar de la oferta agresiva, lo que más termina por encajar conmigo.
No es que me defina con un tipo con tendencias violentas y al que le fascine vivir en la crispación, pero sí de vez en cuando, disfruto de escuchar un guitarrazo o algún feroz ritmo rupestre en tono de alarido. En ese sentido, creo que viene definido el motivo por el cual me gustó el industrial y en especial “Ministry”. Pero la onda maquinosa no es el tema que hoy me ocupa.
El tiempo me enseñó, que lo mío, lo mío tiene que ver con la simplicidad, los cambios sorpresivos de ritmo o cortes juguetones marcados por la batería (amo la dosis correcta del doble bombo) y el uso del silencio como recurso sonoro. Es cierto, también me gustan las cosas de repente un poco rebuscadas, pero a la exageración y al virtuosismo estéril no los soporto (léase Dream Theater). Aunque me gustan las fusiones, tampoco soy un adorador del descontrol por abarcar todos los géneros en un solo tema.
En fin, sí me gusta la rapidez, me gusta la distorsión y las voces guturales, pero creo que soy más partidario de aquellas con noción grave y en las que se aprecia (aunque sea un poco) la dicción de quien pronuncia. He aquí el motivo por el cual no me cautivan las manifestaciones más extremas del rock pesado, justo porque lo que más disfruto de cualquier tipo de música, es la posibilidad de escuchar a cada instrumento con claridad (a pesar de la distorsión o los rugidos), odio la saturación por el simple hecho de que al poco rato se vuelve monótona y hace imposible distinguir un tema de otro, así que no hablemos en ese caso, de poder distinguir a una banda de otra. Siendo muy honestos, la repetición no es un padecimiento exclusivo del black o del grind; le ocurrió al punk, le pasa a cada rato al llano heavy metal y a todo aquello que se convierta en un “género”.
Toda esta sobrada explicación era para decir jajajajajajajaja que la nueva entrega de los suecos Witchery me ha dejado con el ojo cuadrado. El disco se llama Witchcrieg y en su miespacio han dejado dos cortes del nuevo material.

Poseen esa sabrosa mezcla de silencios con agresión no saturada y poderosa, enmarcados en el contexto de una banda de metal que cubre un amplio espectro en dicho campo.
Del segundo grupo del que quería hablar, es de otros suecos, Dark Tranquility. Estos compas (según la wikipedia) hacen death metal melódico, o lo que es lo mismo, sí le rugen y son ruidosos, pero no al grado de ser molestos…aaah sí, también tienen a un tecladista para darle un toque siniestro, dulce y atmosférico a ratos a lo que hacen.
Los monos estos tiene ya mucho rato en la escena, de hecho yo supe de ellos a finales de los 90 y creo que para entonces ya se manejaban sus 3 o 4 discos. Échenles un lente, valen la pena.
Finalmente, nos vamos con unos gringos, estos tipos pertenecen a la no nueva oleada de los llamados super grupos: Hellyeah.
Es básicamente el encuentro entre Mudvayne y Damageplan o lo que es lo mismo, el regreso a la música del ex Pantera, Vinnie Paul. Son del 2007, así que tampoco es que de verdad sean un grupo nuevo. A ellos se les puede clasificar como heavy metal, sludge metal o groove metal o sea, eso que hacía Pantera y hace Black label society.
Saludos a todos.
El Manchas
2 comentarios:
Jajaja me cagué de risa leyendo los géneros y sub-géneros. El metal rockea.
rockea y es bien extenso, creo que a duras penas cubri un 10%. Saludos mano!!!!
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